martes, 23 de julio de 2013



Desde la noche de los tiempos la belleza fue una característica más del ser humano, una noción abstracta que producía distintas sensaciones en las personas. La cantidad de belleza que perciben las personas en tan subjetiva como la forma en que se la percibe, es así que los estándares de ésta cambian dependiendo la cultura, la época, el contexto, la relación interpersonal, la región, la vestimenta, y un sinfín de factores que influyen en la forma en que alguien nos parece bello o no. Ahora bien, los cánones de belleza son características que una sociedad aprecia para determinar el grado de belleza de una persona. Pero estos cánones varían según el tiempo, en el siglo XV por ejemplo en el Renacimiento las mujeres depilaban la línea de nacimiento del pelo para hacer su frente más ancha y utilizaban peinados complicados con joyas y tocados; el pelo rubio era sinónimo de belleza y clase alta así que tanto hombres como mujeres trataban de teñirlo con piel de cebollas, lejía o pasando excesivas horas al sol.
   
En el siglo XVI en la época Isabelina los hombres llevaban el pelo corto y bigotes, y el modelo a seguir para todas las mujeres era la reina Isabel con sus mejillas coloradas y los polvos en todo su rostro. En el siglo XVIII, en cambio, los hombres pertenecientes a la burguesía usaban pelucas blancas empolvadas, al igual que las mujeres que usaban enormes pelucas que parecían obras de arte. Ya en la época victoriana aparece el concepto de que la belleza es sinónimo de modestia y de simpleza, donde un rostro “a cara lavada” parecía más bello que un rostro con grandes cantidades de maquillaje, tal es así que los colores fuertes y el uso de cosméticos se asemejaban a las prostitutas. Se puso especial énfasis en la higiene y la salud, y los hombres continuaron usando pelo corto, a veces peinado con aceite, y con el infaltable bigote.
     En los años 20 se produjo un cambio con respecto al puritanismo victoriano, las mujeres se cortaban el pelo bien corto y simple, que simbolizaba la libertad femenina y usaron más maquillaje para acentuar los labios rojos y los ojos negros, los hombres por su parte, llevaban el pelo con una raya en el medio y con aceites fijadores. Cuando corrían los años 40 las mujeres imitaban a las estrellas de Hollywood con peinados más largos y femeninos. Actrices como Rita Hayworth o Elizabeth Taylor eran los modelos a seguir para las mujeres de la época, y comienza a instalarse la idea de que una piel bronceada es sinónimo de clase alta, porque luce así debido a que puede tomarse vacaciones en playas o lugares de veraneo. Lo mismo sucede con los hombres, el bigote sigue presente junto con el pelo corto y el traje como la vestimenta preferida, siguiendo el estilo de Errol Flynn.
    En los años 70 todavía quedaban vestigios del hipismo, el pelo se usaba largo y el maquillaje era más natural, la forma de vestir de las personas era una especie de condena a la opresión y al totalitarismo, vestirse así representaba una forma de crítica a la sociedad en la que vivían, es así que surgió el Verano del amor en San Francisco, la vida en comunidad y la onda hippie, que disminuiría en los 80, donde la onda glam, con exceso de cabello y maquillaje, se haría más fuerte y tendría como principal exponente a bandas como The Cure o The Smiths, y a cantantes como Madonna y Cyndi Lauper que serían modelos a seguir para los jóvenes de la época. Ya en los 90, el glam tiende a desaparecer y los estándares de belleza son más diversos y cambiantes: por un lado el estereotipo de la alemana Claudia Schiffer, como una rubia alta y despampanante, y por el otro el de la delgada y pequeña Kate Moss. El glamour en esta época se pierde por la llegada del grunge y el de un estilo más suelto y fresco.

     Después de repasar los distintos estereotipos de belleza a lo largo del tiempo nos queda una pregunta ¿A partir de qué factores se instala una moda y una forma de vestir o de actuar? Indefectiblemente el poder omnipresente de los medios influyen en la apreciación de lo que las personas clasifican en bello o no, pero también sucesos a lo largo del tiempo, como los años ’60 con un movimiento contracultural que se caracterizó por ser una época liberal de amor y paz donde todo el bagaje ideológico del hipismo producía cambios en la forma de vestir y de lucir en las personas, en protesta a los modelos sociales y económicos de opresión, o la tendencia de peinados afro en la raza negra, cansada del concepto de belleza de los blancos.
 
Entonces debemos saber que los estereotipos de belleza no son porque sí, pero que también la belleza tienen una cuota de subjetividad, siempre habrá habido alguna persona en la época del glam, en donde todos usaban el pelo largo, que le habrá parecido bella una persona pelada, al igual que en la época de oposición al puritanismo en los años 20 habrá habido alguna persona que le gustaran las mujeres con pelo largo. Es así que la belleza es siempre subjetiva y muchas veces no sabe de modas, ni de estereotipos o estándares de belleza. Debido a esto hemos dividido la belleza en dos tipos, donde cada persona clasificará según sus propios parámetros. Para nosotros existe la belleza Paculiar y la belleza Peculiar, de la primera forman parte aquellas personas que para nosotros no existen niveles para puntuarlas, esas personas que potencian nuestros sentidos, por las que agradecemos a Dios haberlas creado, esas personas que cuando escuchamos su nombre lo repetimos varias veces en nuestra mente, por las que viajaríamos a cualquier lugar con el único objetivo de poder verlas, y que sólo se nos ocurre una idea después de que las vemos. En la segunda clasificación en cambio, agruparemos a las personas que no nos cambia en absoluto el instante del día en que las vimos, esas personas que no haríamos ningún tipo de esfuerzo por tratar de conquistar, aquellas que no miraremos repetidas veces en un colectivo, y que sabemos que sólo podemos aspirar a tener una amistad con ellas. Por supuesto, la cantidad y el tipo de personas que cada uno incluya en cada lista serán subjetivos.

FUENTE: El patrón de nuestras ondas cerebrales.

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El mundo

"El mundo es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto" David Hume (Dialogues Concerning Natural Religion, V. 1779)

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