La noche es distinta, no se parece al día.
La dimensión del día cambia cuando pasan las horas,
La noche persiste, se mantiene inquebrantable, igual.
Misteriosa, incierta y desconocida.
Los gritos que rompen la noche, más tenebrosos, de ella se alimentan.
Recordar sin haberlo vivido, muchas veces no encaja. Hoy lo intentaremos.
Un comunicado, una junta, un uniforme (que no era un delantal)
Y una reorganización vil que actuó sin conmoverse por rostros inmaculados, ingenuos.
Reclamar, un acto inadmisible.
Gritar, un acto ilegal.
Sentir, un acto grosero para perversos despóticos desalmados.
Obligados a escapar, solamente les quedaba correr para no responder "en que andaban".
Y el más despiadado juego del gato y el ratón comenzaba.
Y no fueron una, sino más bien varias noches.
Soñar hacerse humo, desaparecer, no volver a esa celda.
Nunca la espera fue más siniestra, nunca los gritos fueron tan fuertes.
Querés escapar. Pero es imposible. La libertad a un abismo de distancia.
Memos, cándidos, crédulos, inocentes, castos: Las víctimas favoritas.
Gritos que trataron de esfumarse por 37 años.
Imaginaban la cosechera, la portadora de la guadaña,
Algunos la saludaron, la acompañaron,
Otros, tal vez, lean esto.
Las calles, luego claro, se llenaron de coraje.
Pero antes, se animaban a torear sólo aquellos, lunáticos desobedientes.
Se llevaron lo nuestro, a los nuestros. Dejándonos tristezas y marcas imborrables.
Las sirenas, esas que si existen, no cesaron,
Las muecas, dibujadas en caras siniestras, tampoco.
Un pedido inquebrantable como aquel del boleto, querrá persistir.
Deseamos lo necesario, y nunca más festejar sobrevivientes.
A 37 años de una cruel caza con nuestro homenaje desde El Andamio Rebelde pregonamos que se siga escribiendo, y luchando.

0 comentarios:
Publicar un comentario