sábado, 21 de septiembre de 2013


La noche está agotada de ver, entre otras cosas, actos díscolos,
promesas incumplidas,
mentiras de fríos arrogantes desalmados,
rostros soñolientos y apesadumbrados;

Traiciones despiadadas de malvados indignos de perdón,
corazones heridos obligados a desquitarse,
ruines maliantes sin ápices de bondad,
artificios ingeniosos para planes perversos;

Discusiones sin sentido,
cerraduras interrumpiendo su descanso,
lamentos y gritos fastidiosos. Pero agradece ver
personas desterrar el personaje que las habita.

Esas que muestran al llegar la oscuridad, con franqueza, su verdadera esencia,
enseñando ante la noche, sus cualidades más infames con inclemencia,
porque la noche, lejos de oscurecer, ilumina al ser.
El día, en cambio, no se parece a la noche.

El día, inconstante y veleidoso, disfruta de su incertidumbre,
adquiere adeptos que lo ven afable y compasivo,
y que, incrédulos, rechazan lo estable y esperan vastos amaneceres que solamente iluminan el cielo.
La noche, en cambio, se mantiene inalterable con el paso de las horas.

La majestuosidad se incorpora al crepúsculo y lo enaltece.
Al cabo de un lapso de tiempo la noche se adueña del día, lo opaca y
pactan un solemne acuerdo de relevo, venturoso para quienes lo observan
cándidos de tal esplendoroso episodio terrenal.

A partir de allí, la noche se mantiene insigne hasta el final de su reemplazo,
serenando jornadas de esfuerzos, sacrificios y hasta tormentos,
pero también consolando y sosegando llantos, soledades y rutinas,
lejos de leyendas que hablan de su facultad aterradora.

Pero, enemiga del desamparo, la noche acompaña a desposeídos, inspira a poetas, calma a viajantes
y debe tolerar a aquellos que usan su tenebrosidad cruelmente para atemorizar,
realizar actos feroces sucumbiendo honradez y
oscurecerla, aún más.

El indomable Quevedo X


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El mundo

"El mundo es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto" David Hume (Dialogues Concerning Natural Religion, V. 1779)

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